Fiesta en el castillo de la energía

La usina General San Martín cumple 80 años y lo festejamos a todo voltaje con kermese, rock y santería.

La entrada al castillo se convierte en una gruta de los milagros para que acuda en ayuda de este edificio el novel San Atilio, patrono de las profundidades (y los soñadores).

Tocan Polaroid (rock), Los Nonnos de Atilio (canzonettas), Flor, Indio y Nico (homenaje al Flaco Spinetta) y Bendita Sal (ska), volamos como angelitos con la companía de acrobacia aérea El Despegue, y para los hambrientos de fe, comidas rápidas en el carrito de San Expedito y tragos sanadores en la cantina del Hospital Menor.

Además: Sarita Cappelletti en la Casa del Espía, batucada en el parque con la Orquesta Escuela de Ingeniero White y el Taller de percusión de Spurr. Recién llegado de Cosquín, baila el Centro de Jubilados de Ingeniero White, y en el museo taller, Canto Libre, un coro de la ostia auspiciado por el Sindicato de Luz y Fuerza.

En fin, una fiesta divina, que te recontrapone las pilas. ¿Te prendés? [En caso de lluvia el evento se pospone hasta nuevo aviso].

Como celebrar este cumpleaños precisa de todos los que alguna vez trabajaron en el castillo, y de todos los que apoyan su puesta en valor, los invitamos a sumarse a la fiesta que estamos preparando para el próximo sábado 20 de octubre a partir de las 18 horas.

Sobre la usina General San Martín
80 años se cumplen este mes de la inauguración del castillo del puerto. La usina eléctrica que por más de cincuenta años fabricó la energía necesaria para que se encendieran las lamparitas del alumbrado público, se accionaran las norias de los elevadores del puerto y funcionaran las planchas, las heladeras y los televisores que fueron poblando los hogares de la región.

Una usina cuya peculiaridad radica no sólo en su apariencia, sino también en su historia. Aquella que comienza con su construcción y puesta en marcha por parte de las Empresas Eléctricas de Bahía Blanca (una filial local de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad), pasa por la provincialización en los años 40′, sufre los incrementos en la demanda energética derivados del desarrollo de la industria nacional en los ’50 y los 60′, para terminar siendo un ejemplo elocuente de la política de desguace del patrimonio público de fines del siglo XX.

80 años del castillo que, a pesar de haber sido declarado monumento histórico provincial y nacional, aún espera ser recuperado, como lo fueron en estos últimos años su taller de mantenimiento (hoy Ferrowhite), su parque y la residencia del jefe de planta (La Casa del Espía). Una central eléctrica cuyo funcionamiento dependió, en lo concreto, del trabajo de muchísimas personas: 150 trabajadores en sus mejores épocas, entre peones, medio oficiales, oficiales especializados, capataces, jefes de sección y de turno, que se encargaban de trabajos específicos, aunque relacionados entre sí, dentro de las secciones de máquinas, calderas, electricidad, regulación, laboratorios de agua y aceite, taller regional, carpintería, pintura, hojalatería, almacén…

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