Fotografiando desde el alma: entrevista a Guillermo Giagante

Fotografía Guillermo Giagante

Fotografía Guillermo Giagante

A continuación entrevistamos a Guillermo Giagante, fotógrafo de paisajes que expone actualmente “De texturas y diagonales” en el SUM Bahía Blanca Plaza Shopping.

¿Cómo y cuando comenzaste con la fotografía?
El vínculo con la fotografía lo tengo desde muy chico. Cuando tenía unos 9 ó 10 años, utilicé mis ahorros para comprarme una cámara fotográfica, muy básica, que llevaba siempre en mis viajes familiares.
El interés por utilizar la fotografía como forma de expresión surgió hace unos doce o trece años, cuando decidí involucrarme más con el lenguaje fotográfico, con la técnica que me permitiría lograr mayor dominio de ese lenguaje, y con todos los aspectos que ayudarían a poder transmitir sensaciones y emociones a través de las fotos.
Ahí comencé un proceso permanente de aprendizaje y experimentación, en el que obviamente sigo inmerso y cada vez con mayor entusiasmo.

¿Que sentís en la inmensidad?
Disfruto mucho de poder hacer fotografías en lugares muy aislados, extremos y donde la inmensidad deslumbra.
La sensación más potente en esos lugares es que ahí la naturaleza nos muestra nuestro lugar, nos ubica.
Creo que las ciudades nos dan una falsa sensación de omnipotencia, de poder controlar lo que está a nuestro alrededor, incluida la naturaleza y sus fenómenos.
Cuando estamos en esos lugares inmensos, como puede ser la estepa patagónica, un salar en la puna, o disfrutando la Payunia mendocina, tomamos real dimensión de nuestro lugar, somos parte y uno con la naturaleza, el universo y no representamos más que un pequeñísimo engranaje del mismo.
Al principio puede ser un golpe al ego, pero al tomar conciencia de que el mundo ha funcionado y seguirá funcionando, con o sin nosotros y que, en los largos plazos naturales, sólo seremos una anécdota, la sensación es de gran libertad.

¿Qué expectativas tenés de las exposiciones?
El trabajo del fotógrafo de paisajes tiene un largo trecho de introspección y soledad, donde se trabaja en forma personal en la planificación y ejecución de las fotografías, y luego el proceso de selección y preparación de las mismas con el objetivo de presentarlas al público en forma física o virtual.
Las muestras son, de alguna forma, el punto culminante de este proceso y es el momento en que de algún modo se completa el círculo interactuando con el espectador.
La intención al armar una muestra es compartir mi trabajo con la gente y transmitir las sensaciones y emociones que me provocaron cada uno de los lugares fotografiados.
A su vez, el fin último es colaborar en la difusión de nuestras bellezas naturales, buscando generar mayor conocimiento de las mismas por parte de la gente, de modo tal que puedan estar más alertas ante las permanentes amenazas de destrucción y saqueo a las que están expuestas.
Todos tendemos a proteger lo que queremos y, obviamente para querer algo, primero tenemos que conocerlo y saber que existe y qué representa.
En ese sentido, creo que estos trabajos son un granito de arena más, en la enorme montaña que tendremos que constuir entre todos para proteger esos lugares y protegernos a nosotros mismos.

¿Cómo es el proceso desde la preparación del viaje hasta que la foto está colgada para el público?
Las fotos que el público disfruta colgadas en la sala tienen un larguísimo proceso previo, muy interesante y donde el fotógrafo puede ir aportando su creatividad y subjetividad en las distintas etapas.
fotografiá_guillermogiagante(3)Para empezar, el proceso arranca con lo que algunos llaman la “previsualización” de la fotografía; es decir, cuando el fotógrafo crea la imagen en su cabeza. Desde mi punto de vista, esta es la etapa más importante de todo el proceso creativo, ya que si la concepción de la foto no es acertada, el resto del proceso, en el mejor de los casos, podrá ayudar a mejorarla, pero nunca se va a lograr destacar. En algunos casos, este proceso puede durar meses o aún años (como por ejemplo, en el caso de mis fotos del Cono de Arita y el Campo de Piedra Pomez con la Vía Láctea, que las concebí en mi cabeza unos cuatro años antes de poder lograrlas) y en otros muchos casos esto dura simplemente una mínima fracción de segundo, cuando la espontaneidad de una situación nos lleva a visualiar la imagen como un flash en el momento previo de tomarla (el ejemplo de este caso sería la pardela “carreteando” en el agua para levantar vuelo).
La etapa siguiente en este proceso ya sería la ejecución de la fotografía, es decir, el momento de la toma. En algunos casos, esto acontece mucho tiempo después de la previsualización, y en tal caso, lo que se da en el medio es la preparación de las condiciones para lograr esa foto, incluyendo la investigación de lugares, condiciones climáticas, condiciones de iluminación y obviamente la realización de los viajes. Esta etapa culmina con el momento del disparo, donde se juntan en el mismo instante, toda esa preparación previa, el instinto fotográfico, la medición de la luz, la decisión de los parámetros de la toma en función de la técnica a utilizar y uno de los aspectos más importantes, la composición de la fotografía.
Como decía anteriormente, en ocasiones todo esto puede llevar un proceso lento, pausado y reflexivo de análisis y, en otras, es sólo cuestión de milésimas de segundo en la cabeza del fotógrafo.
Desde mi punto de vista, estas dos etapas definen al menos un 70% del resultado final.
Cada etapa que sigue es importante, pero con un peso relativo mucho menor que estas primeras dos.
La etapa siguiente en el proceso es la edición (o selección) de las fotos, donde hay que evaluar entre las fotos hechas, cuál es la que responde mejor a la idea que quiere transmitir el fotógrafo.
Una vez seleccionada la foto, sigue la etapa del posproceso, que básicamente tiene que ver con realizar ajustes de color, enfoque, contraste, saturación, etc. sobre la imagen, hasta lograr el resultado final que se quiere mostrar y que transmitirá lo que el fotógrafo quiere comunicar.
fotografia_guillermo giagante (2)En mi caso, actualmente esta etapa la hago en forma digital, aunque en mis comienzos durante varios años la realicé mediante laboratorio químico. Cambian las herramientas, pero los conceptos son los mismos.
Luego, ya acercándonos al final del proceso, viene la etapa de la impresión y montado de las fotos, donde nuevamente el fotógrafo podrá tomar unas cuantas decisiones, relacionadas siempre con la forma en que quiere presentar su obra y lo que quiere transmitir al público. Acá las decisiones tienen que ver con la tecnología de impresión, los papeles y las tintas a utilizar, el tipo de montado, el tamaño, etc.. Todo esto influye sobre las sensaciones que despertará la imagen en el espectador.
Por último, está la etapa del “colgado” de la muestra. En este caso, las decisiones pasan por el tipo de sala donde se expondrán, las características de la misma, la iluminación, la cantidad de obras, los espacios entre las obras, etc.
Como puede verse el proceso previo a ver una foto colgada en una pared es muy largo y es importante que el fotógrafo lo tenga presente desde el mismo momento en que piensa y hace las fotografías, para que esa consistencia potencie el mensaje que quiere transmitir y genere en el espectador las sensaciones buscadas.

 ¿Alguna anécdota para compartir?
Lógicamente que desde el punto de vista de los viajes, las anécdotas son casi infinitas.
Sin embargo, me gustaría más centrarme en un par de anécdotas relacionadas y que tienen que ver con las muestras fotográficas y la percepción de las fotografías por parte del público en distintos lugares del país.
La primera muestra fotográfica que comencé a mostrar en distintos lugares del país se llamó “Patagonia, Tierra de Extremos”. Cuando la presenté por primera vez en Bahía Blanca, varias personas, que no habían viajado por la Patagonia, se empeñaban en descalificar algunas fotos, señalando que estaban “demasiado tocadas”, que esos azules no existían, etc.
foto_guillermogiagante(4)Luego, al comenzar a exponerla en distintas ciudades de la Patagonia (Puerto Madryn, Trelew, Rawson, entre otras) fue genial escuchar a varias personas que asistieron a la misma, diciendo cosas como “…por fin veo fotos que me transportan a tal o cual lugar…” o “… la sensación es la misma que tuve cuando estuve ahí …” (refiriéndose al Glaciar Perito Moreno o al Parque Nacional Monte León, por ejemplo).
Otra anécdota interesante tuvo que ver con otra muestra itinerante, que se llama “Argentina por la Cornisa”, donde por un lado escuché a varias personas del noroeste del país, que no entendían qué hacía una foto de una brea dentro de las elegidas, siendo una planta tan común y que está por todos lados.
Luego, al exponer la misma muestra en la Ciudad de Buenos Aires y algunas ciudades del sur del país, mucha gente elegía esa misma fotografía como una de las favoritas dentro de la muestra, por lo extraña que les resultaba esa especia vegetal, a la que nunca habían visto.
La última anécdota tiene que ver con las cosas maravillosas que escriben habitualmente los chicos en los Libros de Visitas de las muestras, los comentarios que me hacen y las charlas que se generan.

Más información: www.guillegiagante.com

Un comentario

  1. Graciela Bertin
    lunes 10 de marzo de 2014

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